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03/08/2026
La economista Gabriela Lirussi analiza los verdaderos motivos de una gira de Kristalina Georgieva, que mezcla geopolítica, metas “raspadas” y la obsesión energética del Fondo.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, pisó suelo argentino con una sonrisa para la foto, un mensaje directo a través de la red social X lleno de elogios hacia el "potencial del país" y una agenda paralela mucho más picante. Lejos de las luces del streaming y los micrófonos, la titular del organismo comenzó su raid con una cena reservada en el ostentoso Palacio Duhau. ¿Los comensales? El presidente Javier Milei y la crema del poder empresarial, reunidos para testear de primera mano si el camino trazado desde el Poder real resiste la prueba del ácido del mercado y el enfriamiento social.
Sin embargo, detrás del tono cordial de los tuits se esconde una estricta tarea de supervisión.
El "padrinazgo" político hacia 2027
Según expresa la docente de Economía Política, Gabriela Lirussi: "Lo que el FMI busca transmitir con su visita al país es el respaldo político al programa económico del presidente Milei, pensando incluso en el horizonte de la elección de 2027. Pero también pretenden supervisar la marcha del plan y constatar el cumplimiento de las metas previstas”.
Además, la economista manifiesta que el plan libertario muestra luces y sombras ante la mirada de Washington. Por un lado, el Gobierno logró anotar como un triunfo la acumulación de reservas internacionales durante el primer semestre. Sin embargo, otras exigencias estructurales de fondo —como la mentada reforma previsional— continúan en pausa, una papa caliente que, según proyecciones de la especialista, difícilmente el Ejecutivo se atreva a tocar antes de la contienda electoral de 2027.
Junio encendió las alarmas: déficit y contabilidad al límite
Aunque desde el Ministerio de Economía festejaron el cumplimiento del primer tramo del año, en las oficinas del FMI el mes de junio dejó un sabor amargo. La pax fiscal mostró sus grietas cuando los números arrojaron un déficit primario de $684.843 millones y un resultado financiero negativo que terminó recortando el superávit acumulado del PBI del 0,7% al 0,6%, quedando por debajo de la meta pactada.
Frente a este "resbalón", la respuesta del equipo económico fue atribuir la caída de ingresos a factores estacionales como el pago del SAC (aguinaldo) y la prórroga en las declaraciones de Ganancias. No obstante, el diagnóstico de la especialista de la UNSJ va a la raíz del problema: la baja en la recaudación es el síntoma directo del freno en la actividad económica y la parálisis del consumo, que operan como un "efecto dominó" sobre toda la estructura productiva.
Para compensar este desfasaje, la agenda bilateral ya sumó nuevos compromisos exigidos por el Fondo:
• Motosierra sobre subsidios: Aceleración en la quita de aportes a las tarifas energéticas.
• Focalización social: Sintonía fina en la asistencia a los sectores vulnerables para evitar desbordes.
• Ajuste tributario e ingresos: Cambios impositivos para oxigenar la recaudación sin reactivar la máquina de emisión.
De Recoleta a Vaca Muerta: el petróleo como bote de salvación
Uno de los puntos más llamativos del itinerario de Georgieva fue su viaje al yacimiento Loma Campana, en pleno corazón de Vaca Muerta. ¿Por qué el FMI pone el foco en el barro neuquino?
Para Lirussi, la jugada tiene una doble lectura: por un lado, ratifica la matriz del modelo de Milei, centrado casi exclusivamente en la primarización exportadora (energía, minería y agro); por el otro, responde a una desesperada necesidad geopolítica global.
"El foco en el sector energético está directamente vinculado a la inestabilidad internacional, el aumento del precio del petróleo y las tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz frente al conflicto con Irán. Ante ese escenario crítico, el mundo necesita blindar nuevas oportunidades de negocios petroleros, y el FMI vino a certificar en el terreno que Argentina está lista para jugar en esa liga", concluye la docente de la UNSJ.