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30/04/2026


Textos de la historia reciente

Cuando la educación quedó entre la minimización del Estado y la maximización del mercado

La Universidad Nacional de San Juan entregará este miércoles 29 de abril el título Doctor Honoris Causa a Luis Garcés, académico que centró su quehacer intelectual en la educación. Aquí, algunos conceptos de “La educación después del Estado nación”, una de sus producciones.

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Hace un cuarto de siglo, cuando las cacerolas repicaban fuerte y se sucedieron cinco presidentes en cuestión de días en Argentina, una gran parte de la ciudanía habrá pensado que toda aventura neoliberal terminaba allí. Esas aventuras incluyeron, por supuesto, la educación argentina. El Estado postsocial la subnacionalizó o descentralizó. “Uno de los elementos, quizás el más relevante de esta perspectiva de intervención en los sistemas de educación, estuvo dado por las políticas de descentralización, llamadas a constituirse en artífices centrales de la lucha contra la burocratización del sistema, operada durante los años del desarrollo del Estado de Bienestar y cuya demonización caló profundamente en amplios sectores sociales. Su aplicación incluyó los procesos de transferencias de las escuelas a las provincias, así como diversos intentos de adopción de sistemas charter y voucher”, define en uno de sus libros el doctor en Ciencias de la Educación Luis Garcés (73), académico sanjuanino, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Juan, quien recibirá el título “Doctor Honoris Causa” de esta Universidad el miércoles 29 de abril de 2026.

El aludido libro de Luis Javier Garcés, doctorado en la Universidad de Buenos Aires y postdoctorado en la Universitat de Valencia, España, lleva por título “La educación después del Estado Nación” (dirigido por Alejandra Mare- 1º Edición Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Colihue; San Juan: Editorial de la Universidad Nacional de San Juan, 2017). En su Capítulo V: “Modernidad, liberalismo, Estado y Escuela”, el autor consigna que el neoliberalismo, fenómeno de la última parte del siglo XX, “sería el más ortodoxo de los liberalismos, en la medida en que propicia la minimización del Estado y la maximización del mercado, frente al Estado Benefactor que caracterizó más de medio siglo XX”.

Más adelante, Garcés indica que si el liberalismo primigenio incorporó y reivindicó el rol educativo para el Estado, este neoliberalismo de fines del siglo XX ha impuesto políticas de traspaso de esas funciones al mercado. “Del mismo modo que en la conciencia colectiva fue eficaz la utopía liberal de la igualdad, las resignificaciones neoliberales han tenido un fuerte efecto tras su ‘utopía’ de distribución del poder en la sociedad civil, de empoderamiento, de contraposición entre un Estado demonizado y el endiosamiento de la sociedad civil”. Luego, el ex becario del CONICET y de la Unión Europea (Programa Erasmus), recuerda que, aunque el economista Adam Smith, desde su obra “Las riquezas de las naciones” haya propiciado un “Estado mínimo”, como sueña el neoliberalismo, Smith “comprendía a la educación como un requisito inherente a la propia conformación del Estado y del nuevo orden democrático moderno”. “El primigenio liberalismo de Smith y Ricardo constituyó un proyecto de Estado y sociedad, y una concepción de las relaciones entre ambos, que se fundaba en la utopía liberal de la igualdad, arrancada a fuerza de revolución a la monarquía”, señala Garcés.

La importancia de la educación bajo el paraguas del Estado – nación en el libro de Garcés se ve reflejada además en un ejemplo literario creado desde la Patria Grande. Allí aparece mencionada la obra teatral de 1903 “M’hijo el dotor”, del uruguayo Florencio Sánchez. “La experiencia nacional muestra con claridad -desde el terreno educativo- los fuertes atributos del Estado como creador y distribuidor de símbolos capaces de producir homogeneidad social y elementos de legitimación social. (…) ‘M’hijo el dotor’, como caracterización literaria de la impronta que tuvo el sistema educativo en la Argentina, constituyó uno de los símbolos más fuertes que guiaron a la sociedad argentina durante más de un siglo, con sus consecuencias de cohesión social y su valoración en el terreno axiológico que supuso aquella figura para generaciones de argentinos. Hubo una sociedad para la que el paso por la escuela se convirtió en sinónimo de ascenso social. Esta fuerza simbólica no fue construida por Florencio Sánchez, él sólo tuvo la lucidez de plasmar literariamente una realidad, cuya simbología fue construida por el Estado – nación, como un prerrequisito capaz de involucrar al conjunto de la sociedad en un proyecto común socialmente legitimado”, dice el Dr. Luis Garcés.

Pero ni el imperialismo ni las aventuras neoliberales habían terminado hace 25 años.


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