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24/06/2026
La polifuncional Eliana Molina, quien también es profesora de Educación Física, consiguió el título jugando para Palermo. La defensora de hockey sobre césped y una historia de pasión por el deporte que la llevó a ser también arquera de futsal.
Su meta es evitar goles en la valla de los equipos que integra, en diferentes deportes y con dos camisetas distintas, pero que ama por igual. Eliana Molina es defensora de las Patitas y también entrenadora de hockey sobre césped femenino en la U, pero los lunes deja de lado el stick para ponerse la indumentaria fucsia que la viste de arquera en su equipo de futsal.
En su versión futbolera, con los colores de Palermo, acaba de consagrarse campeona sanjuanina. Un logro que trasciende más allá de un trofeo o una medalla, porque es el corolario a un camino de esfuerzo y dedicación al deporte. Un orgullo también para la Universidad Nacional de San Juan.
“Se lo dedico a la familia, que son los que te apoyan, los que te preguntan a dónde voy o si necesito algo. Va para ellos cada logro que consigo deportivamente”, le confía a Xama TV.
Con su equipo venció en la final de la Primera A del Futsal Femenino a Colón Junior. Fue una goleada por 6 a 1, el domingo 11 de enero. “No esperábamos hacer los goles tan temprano, llegó muy rápido el 3 a 0. Las chicas de Colón no pudieron darlo vuelta y nosotras nos afianzamos más. Gracias a Dios tuve la suerte de atajar bien, que para las chicas es un voto de confianza y entonces atacaban tan libres que salía todo precioso”, describe la también profesora de Educación Física.
Para la arquera “se estiró demasiado” la definición del campeonato. “Nos pusieron las semis cerca de Navidad y terminamos jugando la final a mediados de enero. Pero lo importante es que somos campeonas y la alegría sigue siendo la misma”, opina. Sin embargo, tilda de “correcta” a la organización que hubo a lo largo de la temporada en el futsal local.
Molina repasa cómo fue su inesperado camino para pasar de ser jugadora de campo en hockey a atajar también en futsal: “Fue de la nada, porque en hockey mejoré muchísimo mis reflejos y no le tenía miedo a la pelota. Entonces unas amigas me pateaban -al arco- y me decían que atajaba bien. Ahí dije me ‘voy a meter de arquera’. Me gustó y quedé”.
Más allá de alguna broma, Eliana todavía no se ve como arquera de hockey sobre césped. En las Patitas se desempeña como marcadora de punta derecha o marcadora central y, según algunos especialistas, es una de las mejores “tiradoras de flick de la provincia” (empujar con el stick la bocha desde el suelo, logrando un pase largo en altura).
Doble esfuerzo
En los márgenes que rodean a la alta competencia, los grandes sacrificios para permanecer son escenas repetidas que terminan en el -muchas veces injusto- sendero de la romantización. Entonces Eliana cuenta, con una sonrisa que parece mezclar orgullo con algo de resignación, que en Palermo son “especiales”, porque tienen “subidas y bajadas” en el rendimiento, pero que al final logran redondear un juego compacto, pese a no entrenar.
“Nos juntamos a jugar y pareciera que entrenáramos toda la vida juntas. Es como que nos entendemos de memoria. Lamentablemente no tenemos club o cancha, tenemos que alquilar. Entonces eso nos frena muchísimo”, relata sobre el escollo que tienen durante la semana, situación que en los partidos deriva en ingenio frente a la necesidad.
En el amateurismo, en donde hay más para perder que para ganar y en donde se convive diariamente con las frustraciones y el cansancio físico y mental, los y las deportistas no cobran un sueldo. La arquera cuenta que en el fútbol masculino hay más posibilidades de cobrar una remuneración por competir. Algo similar vive en el hockey, en donde la gratificación es puramente deportiva o emocional cuando alcanzan los objetivos grupales.
“Hago esto por amor al deporte, por amor a la camiseta y por la pasión, más que nada. Terminan siendo hobbies, que los competimos”, describe, a modo de respuesta a los “porqués” de muchos que miran desde afuera el compromiso altruista en el deporte aficionado.
Para Las Cobras -como denominan a Palermo Futsal-, uno de los premios por haber sido campeonas sanjuaninas es salir a competir a nivel regional, costos que también correrán por cuenta de las deportistas. “Nosotras jugamos un torneo más importante cuando salimos campeonas y generalmente viajamos a San Luis. La plata sale de nuestro bolsillo. Juntamos los autos o vamos en una combi. Estoy acostumbrada a pagar para viajar y jugar, de algún lado sale la plata”, cuenta, ya sin reproches.
“Siempre puse de ejemplo a mis compañeras de hockey, que estudiaban medicina o ingeniería y no faltaron nunca a entrenar. Viajábamos todas a jugar y nunca hubo excusas. Creo que si hay organización todo se puede. Yo juego al hockey, trabajo y hago futsal, pero todo es cuestión de organizarse”. Palabra de campeona.
Zama